
Por lo demás, subterráneamente, persiste la evolución parsimoniosa de un ego subvertido, y a la menor ocasión, allí donde se abre un instante de soledad para el trabajo, se interpone en la labor de continuar con la prosa de El hombre medular, de nuevo, la necesidad de un desahogo en verso. Pero para evitar un grado de espontaneidad practicado en poemas anteriores, he preferido tratar de contener el magma del volcán ajustándome a una métrica endecasílaba, acentos con vocación de regularidad y una ligerísima rima asonante -o-o de la mitad hasta el final.
Propongo mientras se lee el poema escuchar la propuesta musical en el enlace. La receta es sencilla: hay que esperar al minuto 7:14 prestando la máxima atención a la música; la lectura durará un minuto 20 segundos y a continuación permaneceremos atentos a la pieza musical hasta que termine. Otra posibilidad es escuchar el fragmento sugerido y no leer el poema.
Entre rescoldos
Una mota de polvo
que se adhiere,
mimética, invisible,
sin matices
en la ruina infinita
de la historia,
que quiere estar
unida indivisible
al dolor, las
torturas, a la guerra,
a tantos sinsabores
en un cosmos
en cuya dimensión no
se computan
las miserias del
hombre, sus desdichas.
En ese inmenso
túmulo de mierda
donde se hacinan
mudos los cadáveres
sin nombre, aterriza
mi cuerpo exhausto
y su condena, y la
insignificancia
de todo aquello que
se ignora siempre
para poder seguir
viviendo. Luz
que nunca advierte en
esta otra ribera
de tinieblas
resquicios que ensombrezcan
su hermosura, la
hermética hermosura
de lo vivo. Y aunque
este pesar tan hondo
presida mis
instantes, aunque engrose
tan ligero la
sórdida distancia
de la dicha y el
plomo que me invade
emita sin cesar sus
alaridos,
ciego optimista,
miserable sordo,
le seré infiel a
toda metafísica
e insistiré en arder
por cada aurora,
le miraré a los ojos
al amor
aunque esté hueco, agotaré
la vida
que aún me queda furtiva
entre rescoldos.
De Versos inválidos