De nuevo tengo el honor de publicar en este cuaderno
de bitácora la siguiente entrada, escrita por mi amigo el doctor José Vilanova.
Su título podría ser, y es:
De Notre Dame al Mare Nostrum
José Luis Vilanova
De nuestra señora al mar nuestro. De Notre Dame al Mare Nostrum.
Se diría que los escenarios son más importantes que sus contenidos, que las personas que los habitan, que los construyen, que les dan la vida; ubicaciones, al parecer, más importantes incluso que quienes han
pagado con ella, con su vida, para que tales lugares existan. Tranquilos, que
las donaciones ya rebasan con creces las expectativas de restauración de Notre
Dame. Los desvelos de los ultras católicos al otro lado del Sena, con su
despliegue de cánticos y velas, dejan claro que, sobre todas las cosas, ha de
prevalecer «el poder de Dios» (o más bien de sus valedores).
 |
Pobres en la puerta de una igesia, Benlliure |
Olvidando lo que
tuvo que recordar el gran Víctor Hugo en sus novelas del diecinueve: que la
catedral de París no tiene ningún sentido sin el deforme Quasimodo, «desecho»
repugnante de la humanidad, sin Esmeralda la Zíngara, extranjera, despreciable,
gitana y rechazada; sin «los miserables» Jean Valjane, condenado a la cárcel
por robar una hogaza de pan para su sobrino, carcomido por el hambre, y la
huérfana y madre soltera Fantine, aferrada a su pequeña Cosette, excluida y
marginada por la Francia injusta y desigual de los reyes de exuberancia rococó
y los vasallos de miserias y hambruna. Y mientras tanto el Mare Nostrum será «nuestro»
pero no de «los otros». Cementerio de los que tratan de cruzarlo en la simple
busca de su supervivencia. Muy lejos de la consternación unánime, de la
adhesión de admiración mostrada hacia los poderosos. Ignorados, despreciados,
desollados y condenados al miserable abandono por la cristiana Europa; cuando
los vecinos de sus lugares de procedencia aceptan compartir su pobreza hasta
sobrepasar su propia población. Mientras los bomberos de París son ensalzados
(con merecimiento, claro que sí), los rescatadores de vidas humanas en el
Mediterráneo son vilipendiados, arrestados y puestos delante de la justicia (?)
acusados de «tráfico de personas» (??).

Mientras la derecha levanta muros y alambradas,
y prepara devoluciones masivas; mientras la izquierda felicita el Ramadán riéndole
las «gracias» a los prebostes del Islam,
y conchabean sin el menor asomo de crítica con quienes sojuzgan,
someten, torturan y hasta incendian a sus mujeres. Y mientras unos y otros
retienen en sus puertos a los barcos que sólo ofrecen un cabo, una mano a la
que asirse y una taza de café caliente.
¿A uno de estos tenemos que votar en los próximos
días? Ya nos lo decía el bueno de Galeano: su vida vale menos que la bala que
los mata.
José
Luis Vilanova, médico, humanista
Madrid, 19 de abril de 2019