CAPÍTULO V
Pincelada histórica. La momia de
Tutankamon viaja en primera: México-España.
Hace un montón de milenios que
descendimos de los árboles y tal vez, durante el descenso, más de uno de
aquellos primates que nos precedieron en la escala evolutiva caía de cabeza
contra el suelo y se rompía la columna vertebral, quedando tendido sobre la
hojarasca tan inmóvil como el fragmento de rama agarrado todavía entre sus
manos. De estos antepasados, ni uno solo salía con vida de la experiencia. No
sólo nuestros predecesores en la escala evolutiva perecían tras una lesión
medular. Cualquier mamífero es susceptible de padecer una lesión medular del
grado que sea. En la naturaleza, un animal herido de esta forma es animal
muerto: si no hay depredadores próximos para comérselo, incluso en el supuesto
caso de encontrarse en el seno de una tribu protectora, la muerte sería
inesquivable. Pasando a considerar en exclusiva lo tocante a nuestra especie,
no sólo morían los lesionados medulares en la época de las cavernas, y en el Neolítico,
durante la Edad Media o la Edad Moderna, sino que todavía en tiempos históricos
aún más recientes y hasta bien entrada la Edad Contemporánea, todo hombre o mujer
a quien le hubiera acaecido un accidente que conllevara una lesión medular perecía
de manera inapelable hasta momentos históricos sorprendentemente recientes. Se
podría hablar de una mortandad del cien por cien hasta la segunda guerra
mundial (1939-1945).
Como en tantos otros asuntos, las
primeras anotaciones referidas con toda probabilidad a la lesión medular
corresponden al antiguo Egipto. Y nuevamente nos admira lo mucho que sabían los
egipcios y más adelante los griegos, al mismo tiempo que sorprende lo poco que
desde entonces la ciencia médica ha sido capaz de avanzar. Hasta tal punto es
así que desde el antiguo Egipto hasta hace apenas 50 años se sabía poco más o
menos lo mismo. Es evidente que en lo que respecta al conocimiento de los
órganos, a la capacidad de diagnóstico y en general a la descripción científica
del asunto, desde el siglo XVI para acá y sobre todo a partir del siglo XX
alguien podría llamarme loco por querer comparar el antiguo Egipto con lo que viene
a ser nuestra propia época. Sin embargo —llámenme loco— en lo meramente
descriptivo y, sobre todo, en la capacidad para curarla, desde el tercer
milenio egipcio hasta la segunda Gran Guerra, la lesión medular se encontraba
en el mismo punto. Los médicos egipcios describían en el papiro Edwin Smith, fechado entre el 2.500 y el 3.000 ane,[1] diferentes
grados de lesión cervical. Se especificaba cómo en algunos casos había
inmovilidad de brazos y piernas, pérdida de control sobre esfínteres, erecciones
involuntarias y hasta eyaculaciones; en otros casos se habla de pérdida de
movimiento de los miembros inferiores y pérdida del control de esfínteres. Para
quienes irremediablemente hemos tenido que aprender sobre lo que significa una
lesión medular resulta particularmente sorprendente el que los egipcios ya
describieran efectos secundarios de la lesión como las úlceras por presión
(escaras) o que escribieran en jeroglífico instrucciones como la de que es
inútil una intervención quirúrgica para salvar la vida —así era hasta hace
poco— o que se recomendara ¡el sondaje a través de un catéter de bronce
fabricado ex professo! Ahora ya me
extraña menos el haber leído hace muchos años que en el antiguo Egipto también
se había desarrollado un preservativo fabricado con tripa de cordero.
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Yo, aquí, no sé qué hacen estos egipcios |
Herni, yo creo que estos egipcios se están midiendo el aparato "sesual" para lo del preservativo:)
ResponderEliminarMuy interesante esta entrada. Por cierto, que bueno que hayas renacido tantas veces! Eso no pueden decirlo muchos! Tengo que escribirte al privado, hace un par de meses que te he "reencontrado" en Google y llevo tiempo queriendo contactar. Dale un beso a Mildred y los niños.
Arancha