A vueltas con la Agenda 2030: una lectura crítica,
la invitación a un diálogo
(Quien lea este artículo breve encontrará al final el enlace al texto completo de la Agenda con notas de una lectura crítica y la posibilidad de establecer un diálogo, al tiempo que nos aventuramos en el conocimiento real y no en la reacción frente a un pseudoconocimiento de oídas --el conocimiento vicario depositado en la autoridad de quienes lo critican--.)
«Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío». Así comenzaba su archiconocido monólogo de la Edad de Oro don Quijote (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo XI), frente a una caterva de cabreros por completo incapaces de comprender nada. Dejemos atrás el sabroso bocado exegético en términos de interpretación política, donde Cervantes ensalza una legendaria Edad de Oro comunista avant la letre: («[…] donde se ignoraban las palabras de tuyo y mío». Nos quedamos únicamente con ese marchamo epocal en virtud del cual no hay sociedad que no conjeture la existencia de un tiempo pasado siempre mejor. Pocas veces empero se inclina el inconsciente colectivo a proyectar sobre el lienzo del futuro una época mejor. Ni siquiera el presente continuo. Es la tendencia conservadora que anida en nuestra psique, con la que creemos protegernos de miedos ancestrales, de la manada de lobos hambrientos que acechan adelante en el camino.
El futuro es siempre incierto,
territorio de oscilaciones presentidas; el presagio carece de antónimo
perfecto, no existe nada semejante a la sospecha precavida del pasado, en todo
caso, simple ignorancia u olvido sobre él. Así es como, frente al mal presagio,
preferimos lo heredado de la tradición, palabra ésta con una connotación casi
siempre idealizada. En fin, nos encontramos frente a lo que reza el viejo
adagio: «más vale malo conocido que bueno por conocer».
El ritmo presuroso, la náusea de la velocidad, el hurto de la quietud, la prisa que intoxica la cadencia necesaria para satisfacer nuestra curiosidad e imposibilita la concentración, maniobra perfecta para hacer de nosotros seres intelectualmente inservibles, este exceso cronométrico que nos arrastra, un cúmulo de información inasequible para nuestro sistema cognitivo, concebido para funcionar cuando a nuestro alrededor se apagan las alarmas y se consigue un cierto estado de calma —si nos roban la calma, nos roban el alma—, los teléfonos inteligentes que nos absorben, esta vida sin tiempo que perder, esta aborrecible ambición de obtener una recompensa inmediata, una imagen o pequeño vídeo que nos divierta, un contenido brevísimo que estimule nuestras neuronas y se agregue en nuestro cerebro las hormonas del placer como lo hace un terrón de azúcar, una frase que apostille nuestra forma preconcebida de pensar, nuestro dogma resuelto en un meme, la pretensión inmediata de que unos segundos en la pantalla nos proporcione el orgasmo del día, todo esto que no se puede caricaturizar con solvencia dado el grado de gravedad en el que nos hemos visto envueltos, obliga a quien quiere dar un mensaje a hacerlo de la forma más primaria posible; de tal modo que los publicistas de la Agenda 2030 se han inventado 17 dibujos de colores (símbolo básico pero atractivo como un señuelo) con el epígrafe escrito a modo de epítome de sus 17 objetivos (símbolo complejo, el de la escritura, reducido al mínimo aceptable por un receptor medio de ínfima capacidad —primero el símbolo básico como señuelo y después la reducción al mínimo del símbolo complejo son un binomio efectivo), diseñados en su opúsculo de propuestas para el futuro de la humanidad.
Así que sus detractores han hecho
otro tanto, produciendo entre unos y otros la siguiente antinomia de 17 signos
para una utopía y su reverso malintencionado que se oculta detrás, 17 signos
para una distopía. Han hecho el siguiente paralelismo simbólico utilizando los
17 objetivos dispuestos en la dichosa Agenda:
¿Resulta entrañable el presunto desvelamiento mediante la hermenéutica siempre carente de ironía del peor conservadurismo? Frente al sano y elegante conservadurismo, este otro, el cavernario. ¿Entrañable? No en absoluto. Lo peor no es el enanismo intelectual para generar una antinomia simbólica tan elemental, sino el observar cómo aquellos que se embargan en revisar una a una las comparaciones iconográficas van dibujando en el rostro una sonrisa de satisfacción creciente que culmina casi en un orgasmo intelectual con ese majestuoso final de dialécticas pueriles: «DESARROLLO SOSTENIBLE: OBJETIVOS» versus «NUEVO ORDEN MUNDIAL: OBJETIVOS». ¡Supremo!
Quien compara cada uno de los
cuadraditos celebra la verdad proclamada. Los creadores de este espejo
deformado en blanco y negro probablemente —y sólo probablemente— habrán leído
el texto matriz del que emana todo esto, pero nos jugamos lo que sea a que un
porcentaje mayoritario de receptores aquiescentes no lo han hecho, no se han
leído la Agenda
2030 en su versión más divulgativa, ¡39 páginas! Tampoco, está claro, una
versión desarrollada: Aplicación
y seguimiento integrados y coordinados de los resultados de las grandes
conferencias y cumbres de las Naciones Unidas en las esferas económica y social
y esferas conexas. Seguimiento de los resultados de la Cumbre de Milenio.
En nuestro caso, lo hemos hecho; he
leído con cierto detenimiento este último documento y he ido anotando cada ítem
que hacía saltar alguna luz de alarma, ya fuera verde, naranja o roja. Comparto
esta lectura crítica con el lector de este artículo: Notas a la Agenda 2030.
Documentos compartidos:
1. Texto original de la Agenda 2030 con notas y comentarios.
El interesado o interesada puede
pinchar en el texto original y ver las anotaciones hechas sobre el artículo, o
ver únicamente todas las anotaciones seguidas y comentarios. Quien quiera
realmente obtener una opinión fundamentada creo que lo mejor sería leer el
texto y formarse su propia opinión. Mis notas simplemente pueden servir como
referencia de una lectura crítica, como diálogo.
Nota
final:
Quizá resulte este artículo
completamente obsolescente.
Así que, ¡no se preocupen sus
detractores! ¡No se inquieten quienes temen un Nuevo Orden Mundial plagado de
peligrosos enemigos de la libertad! Estén tranquilos: nos encontramos ya en el
2026 y el mundo se encuentra en perfecto estado de tradición, está como
siempre, a la deriva, en manos (o por lo menos completamente condicionado) por
unos cuantos tiranos y guerras abiertas que afectan al conjunto del planeta,
como manda el Viejo Orden Mundial, la sacrosanta tradición de nuestra historia;
Historia, mejor.
Pero también hay otra forma de
verlo, y es reactualizar el interés por hacer de este mundo algo mejor, incluso
encontrándonos en el contexto menos optimista. Para cualquier sugerencia o
comentario, escríbanlo aquí abajo en los comentarios, que están completamente
abiertos sin censura ni revisión previa.