La schubertiada de este sábado la realicé con Mildred y los niños, Blanch y Guz, además de con Cipión, mi hijo schnauzer gigante. Ocultaré el lugar exacto siempre que hable de los rincones a los que me escapo, porque no creo en la divulgación de lugares predilectos o que merezca la pena conservar. Es un acto ciego y supersticioso este secretismo, porque son lugares sometidos a la presión humana, de sobra conocidos, ya putificados.
No recuerdo el origen de esta enfermedad que aflige a mi sensibilidad, pero creo que es tan antigua como mi propia sensibilidad. En las incursiones a la naturaleza se entremezclan siempre el alborozo y la congoja. El alborozo viene de la propia naturaleza; la congoja de la acción humana sobre ella. No hay rincón al que visite tras una temporada que no se haya visto envilecido por el humano: viejas caleyas (caminos de barro) convertidas en anchas vías hormigonadas, cubiertas de grava o incluso asfaltadas y convertidas de carreteras; construcciones de mal gusto, desproporcionadas o directamente delictivas; zonas taladas; viejas casonas que han sido derrumbadas y convertidas en un solar de hormigón; canteras inmundas... Convendría, y mucho, revisar el concepto de "progeso", ese gran fastasmón que justifica los desmanes de la especie. Yo, particularmente, me cago en el progreso y al final de esta entrada adjunto un poema ex profeso.
Junto a estas desagradables aprehensiones del alma, conviven el gozo por aquello que todavía pervive a nuestra torpe injerencia: la masa forestal, el olor del humus, las marcas de animales que sortean nuestros pasos pero dejan sus huellas o sus heces (mi hijo las empieza a distinguir mucho mejor que yo, con sólo siete años). Nos internamos en el bosque oligotrofo de hayas y comienza el sueño de vivir en el bosque; trepamos a los árboles, nos retozamos por el suelo, perseguimos sombras, y mi hijo juega a ser un gato montés.
xii el hombre se empeña en el progreso: lo maldigo
Baboseas y aumentas tus desvelos,
concatenas silbidos en la noche
y centelleas el hálito con farolas y cemento.
Pretendes conjurar tus medallones,
tus horrores, tus infiernos, tus infinitas faltas lamentables,
sembrando confusión en el concierto.
Volverás al polvo desde el polvo,
a solventar las luces de los muertos.
De En honor de la verdad.