sábado, 26 de diciembre de 2020

La pierna del jardín, de Relatos condensados

La pierna del jardín



Vivían bajo un mismo techo una señora de 95 años y un tetrapléjico. 

    Junto a otros comensales, durante la reunión cotidiana del almuerzo, a un nivel muy básico, hablaban del sufrimiento provocado por el dolor físico. La señora le dijo al tetrapléjico, quien sufría de dolores y molestias tales que a veces lo rebajaban sin remedio al más furioso de los estados de ánimo, un hombre de unos 49 años:

—¡Ay, cariño!, hay momentos en los que a una le duele tanto la pierna que quisiera cortársela y enterrarla en el jardín.

En el lapso de cuatro segundos de reflexión, el cuadripléjico, denominación utilizada en Latinoamérica para quien sufre una lesión medular que afecta a las cuatro extremidades, quedando tetrapléjico/a para el español de la península Ibérica, valoró la posibilidad de contratar a alguien y hacer el favor a aquella señora que tanto amaba, que le aserrara su pierna aquejada y la plantara en el jardín a metro y medio de profundidad; pero enseguida rectificó su ocurrencia demasiado realista para lo que sólo era una metáfora por parte de la anciana. Así que le respondió a ésta:

    —No lo hagas, Dionisia: a cuenta del dolor fantasma o neuropático, conseguirás que la pierna cortada te siga doliendo, y que además te duela también la que entierres en el jardín.


Cuento extraído de Relatos condensados

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